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Uganda: Proteger el derecho de las niñas y los niños a aprender y jugar| La Federación Luterana Mundial

  • hace 7 horas
  • 4 Min. de lectura

Muchos niños y niñas en Uganda tienen que contribuir al ingreso familiar mediante trabajos duros y peligrosos. El programa nacional de la FLM en Uganda está dando la alarma y trabajando para cambiar esa realidad.

29 Sep 2025

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Un niño transporta caña de azúcar en Busonga, Uganda oriental. La pobreza y el hambre obligan a las familias a enviar a sus hijos e hijas a trabajar. Foto: LWF/Brian Salira


La FLM trabaja contra un alarmante aumento del trabajo infantil en Uganda

(LWI) - Cortar caña de azúcar en lugar de aprender a escribir y multiplicar: la pobreza obliga a muchas familias en Uganda a enviar a sus hijos e hijas a trabajar. En un informe de políticas publicado recientemente, el programa nacional de la Federación Luterana Mundial (FLM) en Uganda presentó estadísticas sobre la magnitud del trabajo infantil en la región, así como sus logros al devolver la infancia a muchos niños y niñas.

Uganda acoge a más de 1.7 millones de personas refugiadas, más de la mitad de ellas niñas y niños. En 2024, la FLM documentó 5,478 casos de trabajo infantil en los asentamientos de personas refugiadas de Adjumani, Lamwo y Kamwenge. En la región de Busoga, el 98 % de los hogares reportó trabajo infantil, principalmente en el corte de caña de azúcar, la pesca y otras actividades agrícolas, según un informe de políticas sobre trabajo infantil en las comunidades refugiadas de Lamwo, Adjumani, Kamwenge y los distritos de Busoga.


Cortar caña de azúcar en lugar de ir a la escuela

«El trabajo infantil en Uganda sigue siendo generalizado y va en aumento», dice Adriana Franco Chitanana, representante nacional de la FLM en Uganda. «A pesar de los sólidos marcos legales y de políticas, millones de niños y niñas siguen siendo explotados».

En las familias afectadas, madres y padres ven el trabajo infantil como la única forma de sobrevivir. Envían a sus hijos e hijas a recoger leña y hacer carbón, romper piedras, pedir limosna en las calles o incluso los obligan a contraer matrimonio temprano a cambio de pagos de dote. Los niños y niñas sufren física y emocionalmente en su desarrollo. «Cuando la caña de azúcar está lista para la cosecha, nos sacan de la escuela para cortarla y cargarla», dijo un niño de Luuka. «Nos hacemos cortaduras en las manos con las pangas (machete usado en la agricultura)». Una niña del asentamiento de personas refugiadas de Adjumani explicó al equipo de la FLM cómo trabaja en la fabricación de ladrillos: «Traemos agua, mezclamos barro con los pies y cargamos ladrillos todo el día. Faltamos a la escuela por semanas».

Traemos agua, mezclamos barro con los pies y cargamos ladrillos todo el día. Faltamos a la escuela por semanas.

Niña del campamento de personas refugiadas de Adjumani, norte de Uganda

Además, el informe de la FLM identificó más de 700 hogares encabezados por niñas y niños en los asentamientos de personas refugiadas. Para quienes están a cargo de sus hermanos y hermanas, su tiempo para aprender y jugar se ha terminado, pues deben cuidarlos y participar en actividades generadoras de ingresos para cubrir necesidades básicas, como alimentos y ropa. Los recortes de financiamiento agravan la situación. El Ministerio de Género, Trabajo y Desarrollo Social de Uganda sufrió una reducción del 80 % en su presupuesto de protección infantil entre 2022 y 2024. Para la niñez en los campamentos de personas refugiadas, esto significa que ya no tienen acceso a espacios seguros, programas de alimentación escolar ni apoyo psicosocial.


Defender los derechos de la niñez

La FLM Uganda ha venido oponiéndose activamente a esta tendencia durante años. El programa inició clubes de derechos de la niñez en escuelas para 10,000 estudiantes y brindó asistencia legal, apoyo psicosocial y derivaciones a 400,000 personas. Promueve distintos enfoques de crianza y ha incidido ante la administración regional para que tome en serio la protección infantil. Como resultado muy concreto, 921 niñas y niños fueron retirados del trabajo infantil en Busoga en 2024. El distrito de Kamuli aprobó una normativa local para fortalecer la protección de la niñez.


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Niñas y niños en un campo de caña de azúcar. La agricultura es el principal ámbito del trabajo infantil. Foto: LWF/S. Namatovu


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Adriana Franco Chitanana, representante nacional de la FLM para Uganda, interviene en un panel con representantes del gobierno y de la sociedad civil en Kampala. Foto: LWF/S. Namatovu


Cambiar la vida de estos niños y niñas en Uganda requiere tiempo y alianzas sólidas en varios niveles, dice la representante de la FLM Uganda, Chitanana. El programa nacional de la FLM en Uganda pide mayores recursos para los servicios de protección infantil, la regulación de intermediarios laborales abusivos y la expansión del apoyo social, incluyendo comidas escolares y formación en habilidades. El equipo capacita a madres y padres, directivos escolares y líderes culturales para cuestionar prácticas perjudiciales. También ha llegado el momento de actualizar la política de trabajo infantil de 2006 para reflejar las realidades actuales y defender el derecho de cada niño y niña, añade.

«Colaboremos hacia un enfoque integral que aborde las causas profundas y erradique definitivamente el trabajo infantil», enfatizó Chitanana durante el lanzamiento del informe de políticas sobre trabajo infantil. «Juntas y juntos podemos asegurar que cada niño y niña disfrute de una vida con dignidad: libre, protegida y llena de promesa».


LWF/C. Kästner-Meyer, S. Namatovu

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